Astrología

Lluvia de Perseidas o 'Lágrimas de San Lorenzo': mitos y realidades

Este 12 de agosto se podrá ver en su mayor esplendor la Lluvia de Perseidas o también conocida como las 'Lágrimas de San Lorenzo' un acontecimiento cósmico que se pude apreciar  simple vista cada mes de agosto y que representa una buena oportunidad para conectarnos con nuevas y positivas energías que nos manda el Universo.

Lluvia de Perseidas o 'Lágrimas de San Lorenzo': mitos y realidades
Lluvia de Perseidas o 'Lágrimas de San Lorenzo': mitos y realidades
Por:  Redacción mui

La Lluvia de Perseidas o 'Lágrimas de San Lorenzo' podrá verse este 12 de agosto con mayor intensidad y para ello no necesitas ninguna herramienta astronómica especial, ya que el fenómeno es perceptible a simple vista, el único requisito es que te alejes lo más que puedas de los ruidos y luces de la ciudad para que puedas disfrutarla plenamente. 

Pero, ¿sabes de dónde proviene el nombre de Lluvia de Perseidas?  Según cuenta el mito, Perseo, semidiós griego, hijo de Zeus, se enamoró de Nerea, y se transformó en una lluvia dirada para poder llegar al lugar donde la ninfa estaba recluída.  Sin embargo, que esta lluvia de estrellas tenga que ver con este realto es uno de los mitos más comunes.

A la lluvia de Perseidas se le conoce también como las 'Lágrimas de San Lorenzo'

La Lluvia de estrellas de Perseidas recibe su nombre de la constelación que se encuentra "detrás" de la lluvia de meteoros y esta constelación de Perseo se sitúa justo al lado de la de Andrómeda, que según la mitología sería una de las amantes de Perseo.

El otro nombre de este fenómeno, "Las Lágrimas de San Lorenzo", tiene que ver con Lorenzo de Roma, un santo de la Iglesia Católica, patrono de los cocineros, que murió quemado en un parrilla en el año 258, y se dice que él era quien custodiaba el mismísimo Santo Grial.

La trágica muerte de San Lorenzo sucedió un día 10 de agosto, justo en el fenómeno de esta lluvia de estrellas, por lo que la tradición popular afirma que fueron sus lágrimas, y no los restos de la cola del cometa Swift-Tuttle, los que iluminaron el cielo de aquella noche hace 1763 años.

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